Cuando los sarcófagos marcan la diferencia en la fe del más allá
Los sarcófagos llamados de Bethesda ilustran la difusión del cristianismo en el Mediterráneo y en Europa, recordando que en la concepción cristiana, el sarcófago ya no es, como dice su nombre, algo que “se come la carne”, sino algo que protege en la espera de la resurrección. Por primera vez en la Historia se exponen uno junto a otro dos sarcófagos idénticos del siglo IV en los que figuran siete milagros evangélicos de Cristo. Dos obras plenas de significado, ya que testimonian un nuevo concepto de la muerte en las poblaciones donde se difundió el cristianismo. Se trata de sarcófagos que celebran el triunfo glorioso de Cristo -que cura a los enfermos y moribundos- y toman el nombre de la figuración en el centro de toda la obra, es decir: la curación del paralítico en la piscina de Bethesda en Jerusalén, presentada con un bello fondo arquitectónico correspondiente a la era de los emperadores Valentiniano y Teodosio (354-395)… Por Carmen del Vando Blanco



