
Texto Juan Mari Montes
Aunque durante los últimos meses abundan las películas y documentales narrando la vida y milagros de las más dispares estrellas del mundo de la canción, tanto internacionales como nacionales, no es muy habitual que una de ellas, precisamente en uno de sus momentos más dulces y exitosos de su carrera, se anime a contarnos ante las cámaras con pelos y señales y desde la madurez y la introspección lo que le está ocurriendo en el día a día cotidiano. Esos momentos habitualmente invisibles para el gran público, que constituyen su vida diaria y que retratan un mundo más bien alejado de la felicidad que parece irradiar esa zona tan idealizada que constituye la cumbre del éxito.

Es por eso que el documental ‘Hasta que me quede sin voz’, centrado en Leiva, es un trabajo tan especial, un relato que no escatima precisamente una información hasta ahora ignorada incluso por sus más fervientes fans: la fragilidad de un cantante que, a pesar de llenar estadios, de pronto se enfrenta al problema gravísimo de perder todo lo conseguido desarrollando su oficio y esa pasión a la que se ha dedicado en cuerpo y alma durante los últimos treinta años… Leer + en Revistart 232