Nadie hablaba de aquel cuadro medio tarado, envuelto en un revestimiento del peor barniz del siglo XVII. Algún repinte y el oscurantismo de las sombras catalogaron su origen como ‘escuela de’. Hasta que un coleccionista observó la letra impregnada en el lienzo, la firma de su estilo y su obra camuflada en capas resquebrajadas por años de pintura y olvido. Era palpable la emoción de estar ante uno de los mayores artistas de la historia. Tal vez solo un pálpito irracional. O quizá la ambición de millones de euros en los bolsillos del ejecutivo de una famosa casa de subastas.

Nos adentramos a través del cine documental en las autorías más dudosas de los últimos años. Casos únicos dentro del mercado del arte que saltaron a nivel mundial gracias a un detallado plan mediático, donde la política y el marketing hicieron el resto para catapultar obras por entonces ninguneadas. Las llamadas ‘obras durmientes’ son aquellas sin firma o mal atribuidas, pero vigiladas muy de cerca durante años por expertos que intuyen que podrían guardar un gran valor.
Tan solo le han bastado 30 minutos al director Manuel Espinoza para retratar perfectamente este despiadado mundo del coleccionismo del siglo XXI. Con ‘El Vermeer nº 36’ (2022) el espectador se une a este singular documental en el que se narra el hallazgo de una pintura perdida del maestro holandés, Jan Vermeer (1632- 1675) en 2016. Esta obra, catalogada como la única del artista en manos privadas, fue calificada entonces por los medios de comunicación como la número 36, es decir, la última del reducido catálogo del maestro de Delft.... Leer + Revistart 219
Por Carmela González-Alorda