En el cine, como en la pintura, los colores cuentan historias que a veces se resisten a ser narradas. ‘Münter y el amor de Kandinsky’ (2023), dirigida por Marcus O. Rosenmüller, es una película que se adentra en esos intersticios, en las grietas donde habita lo no dicho, lo invisibilizado. Más que un biopic convencional, el filme vibra como un lienzo expresionista: trazos de emociones en amarillo, rosa y azul, dispuestos para deshacernos ante la obra de una mujer cuya obra fue durante décadas eclipsada por el arte oficial.
abriele Münter (1877, Berlín-Murnau, 1962) fue pintora y una visionaria. Pero ante todo, desde bien temprano supo quién era. Y para seguir su estela, se inscribió en el único lugar donde podía aprender a pintar sin los falsos dioses de la academia, —y donde no prohibiesen la entrada a mujeres—, la escuela Phalanx de Kandinsky (Imperio ruso, 1866-Neuilly-sur-Seine, 1944). Allí Münter conocerá las revolucionarias propuestas del vanguardista, convirtiéndose en una de sus mejores alumnas.
La película muestra una relación entre amantes —interpretados por Vanessa Loibl y Vladimir Burlakov—, pero también un pulso creativo común, que late más allá de ese vínculo sentimental, gracias a la búsqueda de una pintura que trascendiese cánones y lograra hablar de lo más hondo del corazón, alejándose de formalismos y creando un lenguaje propio. Esta búsqueda los llevó hasta Murnau, donde compraron su casa, extasiados por la belleza descomunal de sus paisajes. El aire puro y la fuerza expresiva de la naturaleza inspirarán a toda la comunidad artística y bohemia de Baviera... Leer + en Revistart 232