Durante los últimos tiempos, y al mismo tiempo que paradójicamente han ido cerrando todas las tiendas de discos tradicionales y ha ido desapareciendo de la circulación el formato físico como medio habitual para escuchar nueva música grabada, muy sorprendentemente ha ido renaciendo el vinilo. Y curiosamente viene dispuesto a vivir una segunda vida, desenterrando de esta forma aquella saludable y romántica costumbre de disfrutar la música pop con el sibarita placer que tantas veces nos dio en nuestra juventud. Y obviamente no solo escuchando nuestra música favorita, sino deteniéndonos a paladear todo lo que rodeaba el ritual de la escucha.
Me refiero, por ejemplo, a repasar los nombres de los autores que compusieron las canciones incluidas en el álbum, o los de los músicos que tocaron en las distintas sesiones de grabación, así como el del productor. O de conocer en qué estudio, de qué ciudad, se entretuvieron durante un tiempo más o menos largo en arreglar e interpretar esas canciones. También me refiero al disfrute del placer estético que nos procuraban las portadas, interiores y contraportadas, todo ese trabajo adicional que rodeaba la concepción de la obra musical, del que también son partícipes pintores, fotógrafos y diseñadores gráficos... Leer + Revistart 224
Lo curioso del caso es que esta recuperación del vinilo ya no sólo ha despertado la nostalgia de los viejos amantes del microsurco, sino que también han caído cautivados por él un buen número de amantes de la música actual