Una pintura puede contemplarse durante horas. Para mirar una fotografía tanto tiempo, tiene que estar realmente dotada de gracia. En ambas disciplinas, para el arte de retratar, la mirada tiene que saber penetrar, cazar el alma, la esencia del particular humanismo, la forma en que el individuo se ve a sí mismo frente al mundo. En esto, la estadounidense Annie Leibovitz no tiene rival.
En la exposición ‘Wonderland’, que se puede ver actualmente en la Fundación MOP de A Coruña, destaca en este sentido el retrato que le hizo a Penélope Cruz en 2007: identidad, confianza y fuerza subrayan la imagen de una mujer poderosa y consciente de su superioridad. El juego de curvas enfatiza su sensualidad innata. El toque de grandeza, de raigambre hollywoodiense, lo resuelve con los dorados en un sillón estilo Luis XVI, de plenitud europea. La agudeza de la mirada de Leibovitz y su pacto moral con la española convierten la fotografía en una historia de una sola frase.
La segunda fotografía que ilustra esta crítica, y que también se expone en ‘Wonderland’, tiene distintas connotaciones, acordes con la nueva presa: la modelo y cantante británica Karen Elson. El escenario es abigarrado, lleno de elementos clásicos, estudiados al milímetro: un espejo, un busto femenino como eje central girado hacia una etérea mujer de rojo (vestido, labios y cabellera). Como contrapeso, una lámpara de luz apagada. Hay algo del cine negro, de los prerrafaelistas, de novela gótica decimonónica... Leer + Revistart 232