
Guiado por la máxima de Paul Klee de hacer visible lo invisible, Pujol Grau logra materializar lo etéreo en sus intervenciones en espacios sagrados donde el hierro, ese material tan ligado a la dureza, se transmuta en un medio capaz de sustentar la espiritualidad. Un ejemplo clave es el tímpano de la fachada principal de la Basílica de Santa Maria de Valldeflors de Tremp, Lleida, realizado en 1982 en su estimado Pallars Jussà. La obra, una pieza de 2,53 metros y 200 kilos, se despliega en cinco niveles de plancha de hierro. En ella, el artista compone una figura mariana mediante la división y superposición de planos metálicos que se abren, invitando al ojo del espectador a reconstruir una forma que no llega a cerrarse. Flanqueando la figura, elementos vegetales funcionan como contrapunto rítmico, rompiendo con la rigidez del conjunto.