A través de su cámara, la imagen se convierte en algo más que una simple reproducción de la realidad más inmediata y llega, con frecuencia, a constituirse en un acto de creación.
Había pasado un cuarto de siglo desde que la trayectoria profesional del fotógrafo altoaragonés Fernando Alvira Lizano se iniciara de modo accidental, a final de los años sesenta, cuando en la fábrica en la que trabajaba un compañero le animó a adquirir su primera cámara. Durante esos veinticinco años, trabajó el reportaje en los setenta, se instaló como profesional en el principio de los ochenta y colaboró con los medios de comunicación escritos y la agencia EFE. La decisión de invertir buena parte de su trabajo en la fotografía industrial y publicitaria, con las que obtuvo sus primeros éxitos profesionales y su creciente interés por la fotografía arquitectónica, monumental y de obras de arte, lo llevaron a convertirse en un fotógrafo requerido progresivamente por editoriales, centrales turísticas, especialistas en patrimonio e historiadores del arte.
Las palabras que preceden a esta pequeña reseña, que debe ser lamentablemente necrológica, fueron mi primera opinión sobre la obra de Fernando en el número 82 de la revista oscense 4Esquinas el año 1994. Dedicaba el texto a hablar sobre las placas que había creado para ilustrar el libro sobre la Rioja de la madrileña editorial Mediterráneo. Algunas de ellas tomadas con una de las no pocas cámaras que fabricó de manera artesanal a lo largo de su carrera.
Pude disfrutar de su manera de trabajo cuando en los primeros noventa recorrimos los espacios en los que el pintor jesuita oscense Martín Coronas Pueyo había creado sus cuadros: Manresa, Valencia y Gandía; más recientemente en la publicación de libros editados por el Instituto de Estudios Altoaragoneses sobre el casino oscense o la iglesia de santo Domingo, ambos en la ciudad de Huesca. Pude percibir el mimo con el que el fotógrafo preparaba cada una de sus tomas, la tranquilidad con que esperaba el momento más adecuado y la reiteración en las placas que le provocaban alguna duda en su resultado. Y la búsqueda incesante de la luz que recorre con intensidad la totalidad de su trabajo... Leer + Revistart 226