La lluvia puede que no tenga color, pero sí la cualidad de la persistencia, pese a las pertinaces sequías con que nos amenazan los profetas de la destrucción total. Vuelve a llover siempre y en ocasiones lo hace incluso sobre mojado.
Es el caso del ilustrador altoaragonés Antonio Santos que ha trabajado con algunos de los mejores escritores contemporáneos en anteriores ocasiones y lo ha hecho en este caso, y de nuevo, para un texto de Julio Llamazares, La lluvia amarilla, que ha editado la Diputación de Huesca para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la primera edición. El texto del escritor leonés ha sido uno de los reclamos más importantes para el conocimiento de la provincia por parte de muchos viajeros y turistas en las últimas décadas. Es de justicia que la administración que vela por el desarrollo de este territorio plantee un reconocimiento al autor de un libro que, nacido para minorías, según la conversación primera con el editor, se ha convertido en uno de los publicados más veces y de los más leídos en varios idiomas sobre la provincia altoaragonesa.
El autor del texto literario que cuenta la historia del pueblo deshabitado más conocido de España, Ainielle, cree que el fenómeno de la despoblación y el de la soledad, tal y como se representan en su novela siguen muy vigentes. Escribió La lluvia amarilla en 1988 cuando no se hablaba de despoblación. Sin saberlo, consiguió conectar con una parte muy intensa y profunda de la historia del Alto Aragón. Se ha convertido en el texto literario contemporáneo relacionado con la provincia de Huesca que más eco ha generado en el mundo... Leer + Revistart 221