De la ciudad de Praga uno suele traerse consigo el recuerdo inmanente de su reloj astronómico y de su radiante zodiaco dorado, de los recorridos imaginando a Kafka transitando el barrio judío, de su hermoso puente sobre el río Moldava; y, en lo alto, vigilante, el castillo gótico. Allí aguarda la catedral de San Vito y sus hermosos vitrales. Muchos viajeros peregrinan para ver, sobre todo, los del lado izquierdo, diseñados por otro de los grandes iconos checos de hoy, el artista Alfons Mucha (Ivančice, 1860-Praga, 1939).

Mucha es reconocido mundialmente como uno de los máximos influyentes del Art Nouveau de finales del siglo XIX. Su personalísimo estilo contribuyó a crear el imaginario de toda una época, protagonizada por un universo pictórico muy decorativo, de mujeres creadas desde líneas sinuosas y orgánicas, una absoluta maestría del dibujo, y arabescos conjugados con un lenguaje visual que provocó una auténtica revolución para los artistas e ilustradores de entonces, y ejemplo de genialidad artística para cualquier amante de las bellas artes de nuestros días.

Los fieles seguidores del pintor también recordarán haber visitado el primer museo que se dedicaba a la exposición de sus obras, ubicado en el palacio Kounice desde 1998. Aunque la colección seguía siendo magnífica, el espacio no estaba adaptado a las necesidades que requería dicha responsabilidad patrimonial, afectada por problemas como la aglomeración de visitantes o las condiciones de conservación de las obras.
Finalmente, la Fundación Mucha ha conseguido reubicar la colección en un nuevo edificio, ahora sí, con todas las exigencias arquitectónicas y logísticas para convertirse en una institución museística de primer nivel. Desde la muerte del artista, la Fundación y su familia se han encargado de investigar, custodiar y gestionar su obra, ya que, su ideología nacionalista lo llevó, primero, a su arresto por parte del ejército nazi, y posteriormente con la Unión Soviética, a su olvido... Leer + Revistart 229