La ciudad de Nueva York seguía siendo más radiante por la noche en aquellos años. Las luces de las farolas destacaban las sombras de los alargados transeúntes que entraban y salían agitadamente de las puertas destartaladas de los numerosos teatros, cines y bares que inundaban las calles de genios sin sueldo.
Los setenta centrifugaron para siempre la escena cultural del momento, convirtiendo en ídolos a quienes se atrevieron a adentrarse en su propio arte, sin importarles de modo alguno la miseria, las guerras o la incertidumbre. Aprendieron a aferrarse a ella, y desde esa frustración y abandono total hacia las pretensiones del sistema, pudieron entregarnos el legado artístico de una ciudad que desde entonces arrebató a París el título de Madame Bohemia.
Esos captadores de instantes, llamados fotógrafos, nos regalaron la esencia que se respiraba en fiestas, apartamentos y los rincones de aquella que nunca duerme. Entre ellos, alguien sobresale por su talento, también por su sensibilidad innata y por sus temas controvertidos: la homosexualidad y el mundo nocturno, la escena transexual, el espectáculo y sus protagonistas. Peter Hujar (Trenton, 1934-Nueva York, 1987) y la belleza de lo intocable... +Info