Nacido en Sudáfrica y establecido en Donostia, Corné Nuham se ha convertido en un hechicero de los materiales. Su viaje hacia el arte se empezó a gestar en East London y en Johannesburgo con la cultura y las tradiciones del pueblo zulú, tswana, sotho, swazi, ndebele y la tribu pedi, entre otras. Sus danzas, los colores de su ropaje, su música y la manera de celebrar la vida inspiraron a nuestro protagonista. El misterio, el secretismo y la fascinación hacia una piedra o hacia una raíz le invitaron a contemplar el mundo con unos ojos activos, despiertos y con muchas ganas de seguir envuelto en los enigmas que se albergan en la naturaleza. Estos momentos que vivió durante su infancia lo marcaron para siempre, y realmente fue entonces cuando nació el artista que habita en él.
Los conceptos vinculados a la idea de origen, deriva, transformación y tensión se ven plasmados en cada uno de sus proyectos. En ellos la materia es comprendida como un organismo vivo que narra su propia historia evocando la poética de las particularidades que lo definen. Su faceta como escultor está completamente ligada al hierro; a través de este material consigue que su rigidez se convierta en algo vulnerable y frágil. Entre surcos, pliegues y tiranteces aparece la gravedad, quien forma parte del discurso como un personaje más. Asimismo, en su relato pictórico observamos cómo Nuham convierte las tablas de madera, presentes durante la creación escultórica, en partituras de movimiento. Sobre ellas yacen los roces, las presiones, las salpicaduras y los arañazos, haciendo que cada pieza se manifieste espontáneamente sin ningún tipo de premeditación... Leer + Revistart 231
