
La floración de bienales y concursos de pintura en los años setenta y ochenta del pasado siglo en nuestro país fue uno de los signos más claros del interés reinante en nuestro entorno por el arte, y más concretamente por la pintura. Interés creciente en una sociedad española que se había mostrado mayormente ajena, cuando no adversa, a las nuevas tendencias artísticas que poblaban la geografía europea y americana. Solo algunos grupos reducidos y algunos francotiradores selectos profesaban la fe en las nuevas formas de entender la creación artística para acabar siendo reconocidos como los verdaderos representantes del arte español de ese momento.
Concursos y bienales sirvieron para que la pintura durante esas décadas pasase a ser un bien al que la sociedad y los trabajadores del arte iban incrementando el valor y paralelamente y de forma mucho más abundante –incluso exagerada en muchos de los casos– el precio.
Esa floración pasó y pasaron una gran mayoría de bienales y concursos, como ha decaído de igual modo el valor que la sociedad otorga a las obras de arte que podríamos entender como tradicionales y ha decaído especialmente el precio que se les otorgaba.
Celebrar la trigésimo sexta edición de un concurso tras treinta y seis años (de la pandemia no se libró ni el apuntador) supone sin duda un ejemplo de resistencia que creo debe de ser tenido en cuenta, ya que evidencia que la primera convocatoria del premio de pintura Francisco Pradilla en Villanueva de Gállego que coincide con la celebración de la fiesta menor... Leer + Revistart 222
Por Fernando Alvira