Esta obra forma parte de la serie de seis óleos mediante los cuales Azucena Ruiz Calderón articula la historia de un delito y sus consecuencias. El retrato encarna el dolor de una víctima colateral: la madre del preso. Su paleta monocroma funciona como un vehículo psicológico que transmite tristeza, soledad y el sufrimiento que vive el personaje. Asimismo, el encuadre frontal y el pañuelo enmarcan el rostro, concentrando la atención en la mirada afligida y en las arrugas que remarcan el desgaste emocional. —Meritxell Guerrero