Tu formación en filosofía y tu experiencia vital te otorgan una mirada muy particular. ¿Qué papel juega la reflexión filosófica en tu trabajo artístico?
Pintar es una manera de dialogar con el mundo, pero para eso hay que saber qué se pinta. Ese “qué” es indefinible, pero nace de una comprensión profunda, intelectual y emocional, del mundo. Mis estudios filosóficos ampliaron sin duda mi forma de pensar sobre la realidad.
En las escuelas de arte se aprenden técnicas, pero también se impone el academicismo: temas, estilos, reglas. La creatividad sin independencia se vuelve vacía. Solo la experiencia personal permite que una obra “hable”. La reflexión filosófica ayuda a cristalizar pensamientos y expresarlos no en palabras, sino en colores y formas.
Durante años estuviste comprometida con movimientos sociales y políticos, incluso clandestinos. ¿Cómo dialoga hoy tu arte con esa parte de tu vida, marcada por la lucha y la resistencia?
Mis pinturas reflejan mi vida entera: deseos, miedos, ansiedad, espiritualidad. Durante la opresión ruso-comunista y el gobierno autoritario, la realidad exigía acción. Eso se trasladó naturalmente al arte, que se volvió protesta y acontecimiento político.
Aunque nunca traté mi arte de forma instrumental —la belleza y la verdad son su esencia ideológica—, pinté obras como ‘La amenaza del rojo’, censurada en 1984, y durante el gobierno del PiS (2015–2023), cuadros como ‘Mentiroso’, ‘Victoria’ y ‘Libertad de expresión’. Frente al silencio de la Iglesia ante la pedofilia, creé ‘Quo vadis Eclesia’. Llevé algunas de estas obras como pancartas en manifestaciones prodemocráticas... Leer + Revistart 229